martes, 10 de mayo de 2016
Medusa Romero
martes, 29 de marzo de 2016
A mí gato niebla
No sabía que este día llegaría tan pronto.
Asumía que siempre estarías aquí,
en algún rincón de nuestra casa,
escogiendo el mejor lugar para dormir:
mi cama, el sofá
o aquel sillón nuevo
del que te percataste en seguida de su llegada,
como si hubiera sido hecho para ti.
No había pensado
en cuánto te extrañaría cuando te fueras.
Siempre estabas conmigo,
compartiendo un lugar cómodo,
escuchando mis prácticas de piano
y sintiendo el mundo con mis ojos;
y tú, gustoso, lo aceptabas.
Para ti, yo era tu mundo.
Me amaste antes de que yo me diera cuenta.
Te ganaste todo mi amor, todo mi cariño,
por esa forma tan peculiar de ser.
Lo diste todo
y me enseñaste
lo que era el amor incondicional.
Porque, aunque algunas veces te regañé,
me perdonabas en el momento
en que volvía a hablarte.
Mi gato hermoso,
de verdad te amé como a ninguno.
Hice lo que pude,
jamás te abandoné,
aunque quizá así lo sintieras
cuando te dejé para que te atendieran.
Tenía la esperanza
de que regresaras feliz
a vivir conmigo otro ratito,
pero llegué tarde
y no pude verte con vida
para darte las gracias
por estos doce años juntos.
¿A dónde te fuiste?
No lo sé.
Solo estaba tu cuerpo extendido,
ya sin aliento,
ya sin dolor.
Fue tan rápido aquel instante de agonía
en que se te vinieron de golpe
todas las estrellas.
Hoy te digo adiós,
mi gatito hermoso,
el más hermoso
que mis ojos pudieron ver.
Te vas, mi fiel amigo.
¿A dónde?
No lo sé.
Pero estarás guardado
en mi corazón para siempre.
Te recordaré desde mi tristeza
y, en medio de mis lágrimas,
mi corazón te besará
dondequiera que te hayas ido.
JCR
Lunes 28 de marzo de 2016
2004–2016



