En sus ojos podía ver
ese mundo incierto
que se reflejaba cada día más real,
transformando su mirada
en una súplica
que gritaba en mis oídos:
“Tomarlo de la mano
para no dejarlo ir”.
Suplicaba no perderse
en las tinieblas
que nublaban su mirar.
En sus ojos podía ver
ese mundo incierto
que se reflejaba
cada día más real.
Podía ver el frío,
donde mis besos
no lo podían alcanzar.
Podía ver el polvo de su ser,
donde mis manos
no lo podían sujetar.
Podía ver esas flores blancas
emprendiendo su vuelo,
llevándoselo lejos,
muy lejos de aquí.
JCR

No hay comentarios:
Publicar un comentario