No pretendo olvidar
por ningún momento
la delicada palabra de un “te quiero”,
que nunca me inunde el silencio
ni se ahoguen las palabras.
No pretendo perder
la alegría de vivir con pasión
cada momento de la vida,
aunque sople fuerte la marea
de este ir y venir constante.
No pretendo dejar
a un lado la sonrisa de los amigos,
que se haga fuerte esta amistad,
porque ahí estarán siempre,
a pesar del tiempo.
No pretendo alejarme
del consuelo de un abrazo
cuando el alma grita
ser escuchada,
pero, sobre todo,
que nunca olvide
el saberte mío.

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