Fue darle una luz
al espacio en el que habita
el no saber,
el porqué de su vida.
Mujer, deseando
una dichosa bienvenida
a aquel pedacito de amor
que esperaba entre sus brazos,
escondido
entre pobres colinas desiertas.
Había una cuna esperando,
unos brazos que nunca pudieron abrazar,
y un pequeño sueño
que apenas comenzaba a despertar.
Los fantasmas la esperaban
en un amargo llanto,
mientras el galopar de un caballo
sacudía la noche
con estruendosos truenos,
llevándose consigo
aquel pedacito de amor
que estaba escondido
entre pobres colinas desiertas.
Y quedó el silencio,
la cuna vacía
y el amor
que nunca dejó de existir.
JCR

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